LAUS: cinco maneras de interpretar el Somontano, de la estructura del Reserva a la frescura del frizzante
La bodega oscense construye su identidad sobre la diversidad varietal, el protagonismo de la fruta y una gama que abarca desde tintos con crianza hasta blancos y vinos de burbuja ligera pensados para un consumo más informal.
En el Somontano, una de las denominaciones de origen que mejor ha sabido combinar variedades tradicionales e internacionales, Bodega LAUS ha desarrollado una propuesta que busca acercar el vino a diferentes públicos sin renunciar a una identidad común: la expresión frutal, la versatilidad gastronómica y una interpretación moderna del viñedo aragonés.
Fundada en 2002 y situada en Barbastro (Huesca), LAUS trabaja con variedades como cabernet sauvignon, garnacha tinta, chardonnay, garnacha blanca, merlot y syrah. Su entorno vitícola, con viñedos situados aproximadamente entre los 350 y los 400 metros de altitud, constituye el punto de partida de una gama que permite recorrer distintos estilos sin abandonar el marco territorial del Somontano.
La selección de cinco referencias —LAUS Reserva Cabernet Sauvignon, LAUS Garnacha, LAUS Chardonnay-Garnacha y el frizzante Blum by LAUS, en sus diferentes versiones— ofrece una lectura interesante de esa diversidad. No todos los vinos persiguen el mismo objetivo ni deben juzgarse con idénticos criterios. La cuestión está en comprobar hasta qué punto cada elaboración encuentra el equilibrio entre variedad, crianza, frescura y placer de consumo.
LAUS Reserva: el carácter de la cabernet sauvignon
El Reserva representa la vertiente más estructurada de la selección. Elaborado con un 100 % de cabernet sauvignon, permanece durante 13 meses en barricas nuevas de roble francés. Una elección de crianza que busca integrar la expresión de la variedad con los matices aportados por la madera.
La ficha de cata de la bodega describe un vino de color rojo rubí intenso, con fruta madura, recuerdos de frambuesa, tostados, especias, chocolate y cuero. En boca destaca su volumen, acompañado de un tanino marcado y una persistencia que combina los registros frutales con los derivados de la crianza.
Es un perfil que reclama atención en la mesa. La cabernet sauvignon aporta estructura y personalidad, mientras que la madera introduce complejidad, aunque también exige equilibrio: en un tinto de estas características, la crianza debe acompañar a la fruta, no desplazarla.
Su terreno gastronómico se encuentra en las carnes rojas, los asados, la caza y los guisos de cocción prolongada. Conviene servirlo a una temperatura moderada, evitando tanto el exceso de calor como el frío que pueda endurecer su expresión tánica.
LAUS Garnacha: la fruta como argumento
La garnacha tinta ofrece una interpretación diferente. Aquí el protagonismo corresponde a una variedad especialmente versátil, capaz de combinar fruta, suavidad y una expresión especiada cuando la elaboración y la crianza se mantienen en equilibrio.
LAUS Garnacha es un monovarietal que reposa durante cuatro meses en barricas de roble mixto. La bodega destaca sus aromas de frutos rojos dulces, junto a notas ahumadas, vainilla y especias. En boca se presenta con un ataque suave, taninos dulces y un recorrido frutal, con un final sedoso y recuerdos tostados.
La diferencia respecto al Reserva no reside únicamente en la variedad. También está en la duración y el planteamiento de la crianza. Frente a los trece meses en roble francés nuevo del cabernet sauvignon, la garnacha busca una combinación más inmediata de fruta y madera, sin que esta última desaparezca del conjunto.
Su principal virtud debe buscarse en la armonía. La garnacha agradece que se preserve su expresión varietal y que la madera aporte matices sin convertir el vino en una sucesión de notas tostadas. En la mesa encuentra buenos compañeros en las carnes blancas asadas, los embutidos, los arroces de carne y los quesos semicurados.
Chardonnay-Garnacha: dos variedades, un blanco gastronómico
La combinación de chardonnay y garnacha blanca permite a LAUS ampliar su registro hacia un vino blanco que no se limita al aperitivo. La chardonnay aporta estructura y amplitud, mientras que la garnacha blanca contribuye a construir un perfil frutal y una sensación de volumen.
La elaboración se realiza en depósitos de acero inoxidable, con maceración en frío y fermentación a temperatura controlada. El objetivo es conservar la expresión aromática de las uvas y preservar la frescura.
La descripción de la bodega recoge notas cítricas y tropicales, con recuerdos de corteza de limón, pera, piña y plátano maduro. En boca se define por su carácter sabroso, su frescura y un posgusto prolongado.
La combinación resulta especialmente interesante desde el punto de vista gastronómico. Un blanco con fruta y suficiente presencia puede acompañar pescados, mariscos, arroces, pastas y platos de verduras, sin quedar relegado a la función de vino de entrada.
La clave está en su equilibrio: la fruta tropical debe aportar expresividad sin excesos y la amplitud de boca ha de convivir con una acidez que mantenga el conjunto ágil. Es precisamente esa relación entre volumen y frescura la que determina su capacidad para acompañar una comida completa.
Blum by LAUS: el frizzante también tiene su lugar
La gama se completa con Blum by LAUS, una propuesta de vino frizzante que responde a otra manera de entender el consumo. Su suave burbuja, su perfil frutal y su vocación refrescante lo sitúan en un territorio distinto al de los tintos de crianza y los blancos gastronómicos.
La bodega elabora versiones frizzantes a partir de mosto flor de garnacha blanca y también presenta una versión rosada. En esta última, la descripción de la añada 2024 destaca los aromas de fresa, frambuesa, golosinas y frutos rojos frescos, junto a una entrada de boca refrescante y una persistencia frutal.
Blum está pensado para servirse muy frío, alrededor de los cuatro grados, y funciona como aperitivo, en reuniones informales o acompañando propuestas ligeras. También admite una presentación más desenfadada, con hielo y una rodaja de naranja, si se busca una experiencia menos convencional.
Desde una perspectiva crítica, conviene juzgar este tipo de vino por lo que pretende ofrecer. No necesita la complejidad de un tinto de guarda ni la estructura de un blanco destinado a la gastronomía. Su razón de ser es otra: frescura, facilidad de consumo y una burbuja que acompañe sin dominar.
El reto está en conservar el equilibrio entre dulzor, acidez, expresión frutal y carbónico. Cuando estos elementos se integran correctamente, el frizzante puede ocupar un espacio propio, sin pretender sustituir a otros estilos de vino.
Una gama con distintos argumentos
Las cinco referencias permiten observar cómo una misma bodega puede trabajar registros muy diferentes. El Reserva apuesta por la estructura y la crianza; la Garnacha, por la fruta y la suavidad; el Chardonnay-Garnacha, por la amplitud aromática y la versatilidad gastronómica; y Blum by LAUS, por una experiencia más fresca, informal y accesible.
La valoración de conjunto debe partir de una premisa: la calidad no depende de que todos los vinos se parezcan, sino de que cada uno responda con coherencia a su propósito. En el caso de LAUS, la diversidad de variedades y elaboraciones ofrece al consumidor distintas puertas de entrada al Somontano.
Para el aficionado que busca un tinto con presencia, el Reserva constituye la referencia más estructurada de esta selección. Quien prefiera una expresión frutal con crianza moderada encontrará en la Garnacha una alternativa diferente. El Chardonnay-Garnacha amplía las posibilidades en la mesa, mientras que Blum responde a ocasiones en las que priman la frescura y la espontaneidad.
En definitiva, LAUS propone un recorrido por diferentes maneras de disfrutar del vino. El verdadero criterio para valorar cada botella no será únicamente su variedad o su crianza, sino la capacidad de mantener el equilibrio, expresar su estilo y encontrar su lugar en la mesa. Ahí es donde una gama de vinos deja de ser una simple colección de referencias y adquiere sentido para el consumidor.







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