Pastelería Ascaso: 136 años de artesanía dulce y excelencia pastelera
En el paisaje de la alta repostería española, pocas casas conservan una tradición tan sólida y a la vez tan vibrante como esta Pastelería Ascaso. Lo que en 1890 comenzó en Huesca
como una modesta panadería familiar se ha transformado con el paso de cuatro generaciones en un referente ineludible de la pastelería artesanal española, conocido tanto por su historia como por la calidad de sus creaciones.
De panadería local a icono nacional
Fundada por Manuel Ascaso Laliena, la casa Ascaso nació con raíces sólidas en la tradición panadera oscense, girando después hacia la bollería fina bajo su hijo Vicente Ascaso Ciria y, tras la Guerra Civil, hacia la pastelería pura. Fue Vicente Ascaso Martínez, al frente desde 1960, quien dirigió la modernización del negocio y, en 1974, creó la pieza que marcaría un antes y un después en la gastronomía dulce de España: el Pastel Ruso.
El pastel ruso: leyenda y técnica
El Pastel Ruso de Ascaso, lejos de conformarse con su nombre evocador, es una obra de precisión pastelera. Inspirado en técnicas francesas y construido sobre una base de claras de huevo, avellanas, almendras y espuma de praliné, su textura se sitúa entre lo cremosa y lo esponjoso, con un equilibrio de sabores que ha cautivado a generaciones.
Este pastel no es solo un producto estrella; es el alma de la casa, cuya receta original sigue siendo un secreto celosamente guardado en el obrador familiar, y que ha sido celebrado recientemente en eventos de prestigio como Madrid Fusión en su 50.º aniversario, acompañado de demostraciones en vivo y análisis técnico de su elaboración.
Pastelería de calidad y tradición
Más allá de un producto icónico, la filosofía de esta empresa pastelera resume en lo que la propia casa denomina “pastelería honesta”: una apuesta por materias primas de primera calidad, seleccionadas con rigor, trabajadas sin colorantes ni conservantes añadidos y con un cuidado exquisito en cada fase del proceso, que le dan su sello propio de identidad. Este enfoque —próximo a la gourmandise raisonnée francesa— busca preservar la naturalidad de los sabores y la integridad del producto, sin renunciar nunca al placer sensorial que ofrece un dulce bien ejecutado.
Hoy, el corazón productivo de Ascaso late en un obrador de 1.680 m² en la Plataforma Logística de Huesca, equipado con tecnología de vanguardia diseñada para optimizar procesos sin sacrificar la artesanía que caracteriza a sus creaciones. Desde allí se abastecen sus establecimientos propios en Huesca, Zaragoza y Madrid, así como la tienda online que permite llevar sus dulces a cualquier rincón de España.
Además de su icónico Pastel Ruso, la gama de Ascaso incluye un Panattone, esponjoso, y nada dulce, bombonería artesana, turrones, macarons totalmente naturales y otros clásicos de la repostería española que, aunque menos mediáticos, reflejan el mismo compromiso con la calidad.
La trayectoria de este obrador ha sido reconocida en diversos foros: premios de gastronomía, atención especializada en ferias del sector y, más recientemente, la dedicación continua de la familia ha sido honrada incluso con galardones póstumos que celebran décadas de aportación al arte pastelero.
Esta pastelería no es solo una marca centenaria; es un puente entre la tradición y la innovación, entre la técnica depurada y el respeto por la autenticidad. Su historia, tejida con rigor familiar y pasión por el dulce, ofrece una lección clara: la excelencia en pastelería no es un destino, sino un compromiso sostenido con la calidad, el oficio y la creatividad.






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