El silencio de la pintura: Hammershøi llega al Thyssen
El Museo Nacional Thyssen Bornemisza presenta una de las exposiciones más singulares de su programación reciente con “Hammershøi. El ojo que escucha”, la primera gran retrospectiva en España dedicada al pintor danés Vilhelm Hammershøi. La muestra, abierta al público del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026, reúne cerca de un centenar de obras —óleos y dibujos— procedentes de colecciones internacionales, ofreciendo una visión amplia del universo artístico de este creador nórdico, uno de los más enigmáticos de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
La poética del silencio
Hammershøi (Copenhague, 1864-1916) es conocido por una pintura marcada por la contención, la luz fría y una atmósfera de introspección casi metafísica. Sus composiciones —interiores domésticos, habitaciones desnudas, figuras de espaldas o escenas de quietud absoluta— transmiten una sensación de silencio y misterio que ha fascinado al público contemporáneo.
Gran parte de su obra gira en torno a los interiores de su propia casa en Copenhague, espacios austeros en los que la luz se convierte en protagonista. En ellos aparecen a menudo su esposa Ida o algunos familiares, representados de espaldas o en actitudes silenciosas, como si la pintura captara un instante suspendido en el tiempo. Esta economía de elementos, unida a una paleta dominada por grises y blancos apagados, define un estilo profundamente personal que se aleja del dramatismo del simbolismo o del colorismo impresionista.
Un artista redescubierto
Aunque Hammershøi gozó de cierto reconocimiento internacional en vida, su obra quedó parcialmente eclipsada por el auge de las vanguardias tras su muerte en 1916. No sería hasta finales del siglo XX cuando museos y críticos comenzaron a reivindicar su figura como uno de los grandes pintores europeos de la modernidad silenciosa.
La exposición del Thyssen se plantea precisamente como un redescubrimiento de su legado, situándolo en diálogo con maestros de la tradición europea —especialmente los pintores holandeses del siglo XVII— y con la sensibilidad artística del siglo XX. Este diálogo permite comprender mejor cómo su tratamiento de la luz, el espacio y la quietud anticipa sensibilidades contemporáneas.
La pintura como contemplación
Recorrer esta muestra supone adentrarse en una experiencia casi meditativa. Las habitaciones vacías, los gestos mínimos y las perspectivas austeras invitan al espectador a detenerse, a escuchar el silencio que emana de cada lienzo. Hammershøi convierte la cotidianidad en un territorio poético donde el tiempo parece suspendido.
En una época dominada por el ruido visual, su obra ofrece una alternativa radical: una pintura que no grita, sino que susurra. Y quizá por eso, más de un siglo después, su lenguaje sigue resultando sorprendentemente contemporáneo.











Comentarios
Publicar un comentario